Como sabéis nuestra compi
María Valiente fue una de las 26 finalistas del concurso de relatos LGTB organizado por la localidad canaria de
Corralejo (Fuerteventura).
Por gentiliza de
María, os dejo a continuación su relato finalista, el cual doy por sentado que os gustará.
SALIR CORRIENDO
Hoy te he visto correr. Apenas podía creerlo, y he llegado a casa llorando de la emoción.
Durante todos estos años no he dejado de darle vueltas a tus piernas, y a
aquel momento en que dejaste de funcionar, aquel momento en que rompí
mi juguete más preciado. Fue sin querer, pero creo que nunca te quedó
muy claro.
Yo tengo grabado a fuego ese momento en que me equivoqué, y te dejé
escapar, muerta de miedo. Aquel momento en que me desvelaste tu secreto
más íntimo, que tú me amabas, que eras una mujer que amaba a otra mujer,
y que esa mujer era yo. La historia típica-tópica en la que dos amigas
generan un vínculo tan intenso e inquebrantable, que un buen día, una de
las dos revela a la otra que la ama en secreto, y esta otra envenena su
corazón con un veneno llamado decepción. El resto de ingredientes para
tal pócima son la rabia, el miedo y la contrariedad.
Yo me sentí profundamente engañada. Para mí, todos los buenos momentos,
los detalles, el cariño que me habías profesado, no eran más que
artimañas para adentrarte en mi piel, para llevarme por un camino
antinatural que en absoluto deseaba. Sólo de pensarlo se me revolvían
las tripas. Que el mundo no está hecho así. Que sólo hay que mirar los
libros de ciencias naturales. O las leyes, las cuales aún no se han
modificado del todo. Que se podrán casar las parejas de chicos, y las de
chicas, y al paso que va la burra, va a pasar como con Calígula, que
nombró como sucesor de su imperio a su propio caballo. Todo permitido.
Pero se sigue nombrando esta unión como matrimonio. Ni siquiera la
terminología es la exacta.
Ya lo ves, pequeña atleta, estás absolutamente equivocada con tu forma
de ver el mundo. Sí, es una enfermedad lo que tú tienes. Tu cuerpo está
creado para que se acople a otro completamente distinto, ¿no lo ves?
Está por todas partes. En los cuentos, en la publicidad, allá donde
mires. Es algo que lleva implícito cualquier detalle que conforma
nuestro entorno. Y tú te empeñas en darle la vuelta a la tortilla, y
nunca mejor dicho.
Yo te veo preciosa, tal cual estás. Con tu melena larga, lisa y
brillante, como yo la quiero, con tus formas proporcionadas,
tonificadas, de mujer femenina pero deportista. Tu sonrisa, tu presencia
impoluta en cualquier ocasión. Esa clase que tienes para aparecer en
cualquier parte y deslumbrar. Y no lo entiendo. No sé qué quieres de la
vida. A veces me sigue pareciendo una broma pesada que dijeses eso de
que eres lesbiana. ¿Qué pasará cuando encuentres una pareja (lesbiana)?
No quiero ni pensarlo. Seguro que empezarás a vestir como un macho
cabrío, caminarás diferente, te descuidarás. Un día aparecerás con el
pelo corto y sin pintar. Y adiós tacones y todo eso que te queda tan
bien. Te fotografiaría una y otra vez, como antes, simplemente para
ilustrar la belleza. Pero sinceramente, creo que tanto si encuentras
pareja como si la sigues buscando, te volverás así para que sea más
fácil, ¿verdad? Pensarás que si te pareces más a un chico que a una
chica, gustarás más a las chicas. De verdad, no puedo seguir pensándolo.
Pero hoy te he visto correr, después de cinco años. Si es que fue culpa
mía, y lo sé. Cuando intenté escapar de tu verdad, corriste tras de mí
para que te escuchase. Y yo me puse tan histérica que comencé a hacer
aspavientos para librarme de ti, y en el momento en que pusiste tus
manos alrededor de mi cuerpo, fue tan intensa la repulsión que te
empujé, y tú caíste tan mal que te destrozaste la pierna desde la cadera
hasta el tobillo. Fui tremendamente cruel al dejarte en la puerta de
urgencias y salir huyendo.
No creas que no me dolió. Estuve llorando, y me escocía cada vez que te
cancelaba las llamadas. Pero con el paso del tiempo todo el rencor y el
asco se transformaron en culpabilidad y deseos de que recuperases esa
pierna tan escultural y volvieses a correr. Esa era verdaderamente tu
pasión. Por mucho que dijeses que era yo, sé que correr era lo que más
felíz te hacía. Pero yo te lo quité todo en un momento. Tus dos amores.
Porque me enteré del diagnóstico. Y sé que te dijeron que no volverías a
correr. Pero tú siempre tan fuerte, siempre tan perseverante...
Te he visto pasar corriendo, con tu cabello ondeando al viento, como
suele decirse. Sí, es cierto que tienes una cicatriz, no he podido
evitar fijarme. Pero tienes las piernas más bonitas que haya visto
jamás. Te sientan genial las calzonas. Cinco años después, estás todavía
más preciosa, si cabe. Me ha subido una náusea de pensar quién estará
acariciando tu belleza. Pero ahora que lo pienso con detenimiento, en mi
casa, creo que no es porque me repugne tu decisión, tu orientación, o
como quieras llamarlo. Creo que eran auténticos celos por si acaso
habías encontrado a alguien.
Yo y mi egoísmo, ¿no? No sé si siento algo por ti. Llevo cinco años
dudándolo, desechando esa idea. Pero no estés con nadie, porque nadie te
merece, eres demasiado buena para cualquiera que te vayas a cruzar.
Alguien como tú no se encuentra todos los días. Y lo cierto es que hace
cinco años que todos los intentos de relaciones amorosas me salen mal.
Incluso los encuentros sexuales, no acabo ninguno. Y te parecerá
ridículo (afortunadamente aún no he decidido si te entrego o no esta
carta), pero la única manera de sentirme bien es masturbarme desnuda
ante el espejo. Debo estar volviéndome majareta. Mirar un cuerpo
femenino. Lo miro y no me veo a mí. No sé lo que veo. Pero sé que te he
visto correr nuevamente, y lo que un día te robé lo has recuperado. Y he
entendido que lo otro que creí haberte robado, no te lo robé a ti. Lo
he perdido yo. Saliste corriendo, esta vez tú.
Y no me atrevo a correr tras de ti.