DESDE EL OTOÑO DEL 96 (I)

viernes, 21 de noviembre de 2008


Capítulo I

(Esther)


-Me das asco -le dijo con tono despectivo-. Santo Dios, ojalá lo hubiese sabido antes. Pensar que me has estado viendo casi desnuda, y todas esas veces que...

-Pero Patricia, yo nunca te he mirado con esos ojos. Yo estoy enamorada de Marcos, llevo más de dos años y medio con esta relación y...

-¿Y qué? -Patricia estaba muy enfadada, y su mirada era penetrante. La habitación estaba oscura, y aquel rostro duro e intolerante parecía aún más tétrico. Le produjo escalofríos. Su rostro sudoroso, el rápido movimiento de sus cejas, la voz oscura y sombría como ella en su totalidad. Le asustó.-. Le he alegrado la vista a una guarra a quien no le importa si lo que se lleva a la entrepierna es un chico o una chica. Yo me largo de aquí.

Aún estando acostumbrada, eso duele aunque sea la enésima vez que te lo dicen. Y quería gritar, pero sólo salió un hilo de voz temblorosa.

-Oye, baja esos humos. Quien tiene que estar enfadada soy yo, que te has leído mi diario...


¡Slam! Hubo un estruendoso portazo que dejó a Sara con la palabra en la boca. Allí se quedó, en medio de la habitación, con las lágrimas contenidas entre sus espesas pestañas. Encima de su cama, su diario íntimo abierto ante ella: “...a pesar de todo, recuerdo a Isabel en estos días. Marcos es fantástico, pero resulta más fácil confiar en Isabel, y su sensualidad era desbordante. Añoro sus besos...”. Las lágrimas le nublaron la vista y no pudo leer más. Pero no de vergüenza. De rabia ante la injusticia. Y si no le gustaba, le estaba bien merecido. ¿Cómo podía tener la desfachatez de quejarse, después del descaro que supone indagar en las pertenencias ajenas? ¡Había leído su diario, sin permiso alguno! Miró su cama vacía. En la parte del armario de Patricia ya no quedaba ningún indicio de su presencia, y viendo todo esto, Sara se sintió confusa. ¿Alegrarse? ¿Asustarse? ¿Entristecerse? La verdad es que nunca le había caído bien Patricia, pero ahora corría peligro su fama en el colegio. ¿Sería Patricia capaz de esparcir las pinceladas de su vida por cada rincón del comedor?

Le dolió mucho, y quiso dejar fluir las lágrimas hasta secar su corazón, y así no volver a llorar nunca. Pero simplemente se las tragó y escribió, escribió durante horas, pues ese era su mayor consuelo, su desahogo. Luego sonrió, desalojó de su mente el recuerdo de Patricia y se durmió en el silencio de aquella noche de otoño.


TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Es una obra de autor anónimo, pero sujeta a derechos de autor.

4 comentarios:

Kato dijo...

una nueva serie!!! que bien
me tiene con buen ojo me ha gustado el inicio.

Drea dijo...

Uff!! pues esta es más larga eh? y tú te enganchas a casi cualquier cosa...

Gargon dijo...

Me gusta!!!

Drea dijo...

¿De verdad?