DESDE EL OTOÑO DEL 96 (VI)

martes, 13 de enero de 2009

Esther se giró para coger más ropa de la maleta, y pude apreciar sus perfectas curvas. Era realmente bella. Parecía tan tierna... Y yo, sin embargo, resultaría ante sus ojos una aspirante a rica bastante engreída. Por la actitud, más que nada. Pero allí estaba yo, con el pelo sucio, con cara de cansancio, con una camiseta vieja, con los vaqueros desgastados -mi indumentaria habitual cuando debía pasar toda la tarde encerrada allí. A su lado me sentía como el patito feo. Esther era un prodigio de la Naturaleza. Intentaba controlarlo, pero mi nerviosismo me obligaba a hablar sin parar. Y era realmente extraño. ¿Cuánto tiempo hacía que no sentía algo así por una chica? Tal vez un año o más. Sí, concretamente, un año y tres meses. Había tenido la oportunidad de leerlo en mi diario abierto seis días atrás. Pero aquel sentimiento dormido había despertado bruscamente, y me hacía sentir muy culpable por no poder evitarlo. Amaba a Marcos, pero no podía apartar la mirada de aquella diosa que brillaba a tan sólo dos metros de mí.

Luego pasaron un par de minutos asfixiantes. El silencio reinaba en la pequeña habitación, y se podía apreciar el aire, denso, cayendo sobre la cabeza.

Yo sabía a qué se debía aquel silencio. Había dicho muchas cosas en poco más de un minuto. Le había contado todo lo que debía saber sobre mí, había agotado mi repertorio, pero faltaba precisamente lo más importante, o lo que a ella le podía influir más. Los hechos de hacía tan sólo unos días habían convertido mi vida en la recámara de mi propia vida, tenía que pensarme absolutamente cualquier cosa antes de hacerla y toda palabra antes de pronunciarla, y eso era algo que me reventaba pero no podía evitarlo. Había una lucha de fuerzas entre mi orgullo y mi pánico. Tal vez en otro momento no lo habría recordado siquiera, pero se estaban dando una serie de circunstancias que lo convertirían en un peso sobre mi conciencia si no lo sacaba al exterior. En primer lugar, tenía muy reciente una mala experiencia, y no quería que se volviese a repetir. No es que pensase que Esther era igual que Patricia, no, su cara de ángel no reflejaba maldad alguna, pero entendía que Patricia se hubiese enfadado conmigo, independientemente de los medios que la hubiera conducido hasta esa información. Reconozco que debería haberla puesto sobre aviso. En segundo lugar, aquella abrumada muchacha había causado mella en mí. No puedo decir que me hubiese enamorado, pero la fascinación que me producía su belleza me hacía diferenciar aquel sentimiento, fuese lo que fuese, de un simple deseo de amistad. No era sólo su rostro. No era sólo su cuerpo. Era el conjunto que englobaba su belleza exterior con lo que esta transmitía. Desprendía sensibilidad, tolerancia, bondad, inteligencia, fuerza interior...


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Es una obra de autor anónimo, pero sujeta a derechos de autor.

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4 comentarios:

Gargon dijo...

me gusta...

Drea dijo...

Me alegro.

Kato dijo...

me gusta la parte donde llaman a la chica: una diosa brillante :D

Drea dijo...

Es que era una diosa que brillaba...