TÚ ERES MI ÚNICA RAZÓN PARA VIVIR...

jueves, 19 de febrero de 2009



Veo la luz
veo con claridad
viene a mí desde tu mirar
y me hace despertarme y respirar
me hace sonreír y suspirar
veo al fin que hay una razón
un porqué para continuar
para levantarme y caminar
para confiarme y regresar
un motivo para amar
tú eres mi única razón para vivir
tú eres mi única razón para seguir
tú eres mi única razón para existir
veo de mí tan sólo la mitad
y tu luz me completará
para conocer mi identidad
para disipar la oscuridad
un motivo para dar.

D.E.B.S. (7)

martes, 17 de febrero de 2009


YURI 7: JUNTAS PARA SIEMPRE


CHICA BUSCA CHICA CAPÍTULO 7

viernes, 13 de febrero de 2009


DESDE EL OTOÑO DEL 96 (VIII)

Todos estos pensamientos me movieron finalmente a contarle mi verdad. Tuve que hacer un gran esfuerzo y sacar fuerzas de flaqueza para llevar a cabo mi confesión, pero finalmente fui capaz de musitar:

-Hay otro detalle más.

-¿Qué? -Esther se volvió para mirarme-. Perdón, no te he oído.

Después, unos segundos de silencio. Quería acabar cuanto antes con este suplicio, así es que rompí de nuevo el silencio con algo parecido a un susurro.

-Mira, Esther, puede no gustarte, puede que no te importe, puede que lo apruebes...

-¿Qué me quieres decir? Venga, no tengas miedo. Hay confianza ¿no? Tú misma lo has dicho.

Tomé aire y dije:

-Soy bisexual.

Esther alzó la cabeza, y pude reflejarme en el brillo de sus ojos. Aparecía ante ella temblorosa, pero, con voz serena y una mueca, ella me dijo:

-¿Te avergüenza?

-No. Es sólo que considero oportuno que lo sepas. Y que me digas lo que piensas.

-¿Lo que pienso? -dejó escapar-. Pues... no sé. No se me ocurre nada. Pero no me importa -. Luego, con más resolución, añadió- No es nada malo. ¿Por qué me iba a molestar? No te pienso rechazar por ello. Es más, me resulta fascinante conocer alguien “así”, tengo muchas preguntas, pero no prejuicios.

Sonreí tímidamente. Su desenvoltura me había contrariado. Toda su timidez, se vio de repente transformada en seguridad y soltura. Era una mezcla explosiva: imagen de cristal con interior de sólida plata. Añadió, con mirada maternal:

-Me da la sensación de que te lo han hecho pasar muy mal por ello.

No contesté. Simplemente bajé la mirada.

-No pareces negarlo. No creo que merezcas eso. Pareces una chica estupenda.

-Muchas gracias -, le dije-, creo que nos vamos a llevar muy bien-. Ahora la tímida era yo.

Hablamos de todo un poco. Nuestros gustos eran parecidos en todas sus variedades. Era fantástico encontrar alguien como yo, quizá un poco menos loca, pero simpática y, sobre todo, comprensiva. Y aquella noche me dormí con una sonrisa y sin que nada desvelara mis dulces sueños.

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Es una obra de autor anónimo, pero sujeta a derechos de autor.

Capítulos anteriores:

MÁS ALLÁ

jueves, 12 de febrero de 2009

Otro tema que, de primeras, no asocié a la situación en que se puede encontrar un homosexual. Una canción que siempre me ha encantado desde que lo escuché. Espero que a vosotr@s también os guste.



Sólo una boca y dos oídos no les parece señal,
lo primero es escuchar y luego hablar.
Empecinados en que sólo puede haber una opinión,
el primero de los sentidos es la razón

Quizás un día encuentre a alguien que me lleve a otro lugar,
sin mentiras, falsedades, ignorancia y mezquindad...


Saben de todo, creen en nada y no quieren comprender...
sólo sé que no sé nada, eso sé.
Todo lo juzgan, lo manejan a su antojo y decisión.
Este mundo no es mi mundo... ¡es mi prisión!

Quizás un día encuentre a alguien que me lleve a otro lugar,
sin mentiras, falsedades, ignorancia y mezquindad...

Llévame donde nadie me haga callar,
donde pueda pensar con libertad.
Expresarme y dar mi opinión,
sin que nadie me pueda juzgar, sin que nadie me quiera juzgar...

¡Más allá de los límites del bien y del mal!

¡Más allá!

Llévame, llévame, llévame...

Llévame donde nadie me haga callar,
donde pueda pensar con libertad.
Expresarme y dar mi opinión,
sin que nadie me pueda juzgar, sin que nadie me quiera juzgar...

Llévame donde nadie me haga callar,
donde pueda pensar con libertad.
Expresarme y dar mi opinión,
sin que nadie me pueda juzgar, sin que nadie me quiera juzgar...

Más allá de una amistad

miércoles, 11 de febrero de 2009

No sé en qué momento pasó. No sé cómo ni por qué. Siempre estábamos juntas, nos lo contábamos todo, compartíamos los momentos buenos y malos. Dormíamos juntas, nos desvestíamos y nos cambiábamos juntas. Y nunca sentí nada más allá de eso.

Siempre fuimos algo más que mejores amigas. Nos comprendíamos de un modo sobrehumano. Nunca me entendí tan bien con alguien. No hacían falta las palabras. Una mirada o un gesto y nos sobraba para saber qué estaba pensando la otra. Y nunca pensé que fuera a ir a más.

Pero algo ha cambiado. Cuando te miro, ya no veo a la niña inocente que dice todo lo que piensa conforme lo va pensando. Cuando me tocas, ya no siento en cariño de una amistad de años. Cuando bailas conmigo, ya no me fijo en si estamos atrayendo las miradas de los demás. Cuando me hablas, no busco sinceridad en tus palabras. Busco más. Busco un mensaje oculto. Al mirarte, espero que estés hablando como una loca porque estás nerviosa. Al tocarte, espero que sientas que se te eriza la piel. Al bailar contigo, quiero que notes nuestros cuerpos juntos. Al hablarte, espero que entiendas lo que te estoy diciendo.

Que la amistad se me ha quedado corta. Que no me sobra con un abrazo o un roce de vez en cuando. Que quiero más.

Quiero que me abraces sólo a mí. Que me mires sólo a mí. Que me hables sólo a mí. Que no te importe si hay alguien más en la habitación. Que seamos sólo dos.

Pero a veces las cosas no pueden ser como una quiere, ¿verdad?

A veces la amistad se tiene que quedar en amistad. No puedes obligar a nadie a sentir más allá de lo que siente. Y entonces toca callar. Por lo que fue, por lo que es y por lo que será. Porque, después de todo, sigue siendo tu mejor amiga. Aunque te mate cuando te cuente sus líos de amores. Aunque quieras callarle la boca con un beso cuando te llore porque alguien le ha hecho daño. Aunque quieras gritarle que estás aquí, que te mire y vea que eres quien más la quiere y la va a querer en este mundo.

A veces el silencio es la mejor manera de hacer las cosas bien.