DESDE EL OTOÑO DEL 96 (VII)

miércoles, 4 de febrero de 2009

Para ser una primera impresión, era más que suficiente. Compaginaba todo esto con sus movimientos y su brillo natural, y esto encendía en mí, casi sin quererlo, la ardiente llama del deseo -¡qué sentimiento tan profano para una deidad!- No creía que semejante cúmulo de sensaciones pudieran ser pasajeras, y esto me inducía, de una forma u otra, a contarle mi secreto en ese momento. Si dejaba pasar el tiempo, con seguridad acabaría enamorándome de ella (cosa que por otra parte me hacía sentir culpable y me provocaba cierto temor, ya que mi relación con Marcos no era ya un juego de niños). Si Esther descubría con el tiempo que yo podía sentir por ella algo más que amistad, tal vez me rechazase, y dolorosamente. La verdad es que había muchas más posibilidades de que me rechazase como compañera de habitación y como amiga que de que me aceptase, y muchas menos de que sintiese algo por mí. Por lo tanto, si me desengañaba en ese mismo instante, el sufrimiento por ambos lados quedaría reducido considerablemente. Para terminar, había en mí un pequeño resquicio de esperanza diabólica: “por intentarlo no se pierde nada”.

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

Es una obra de autor anónimo, pero sujeta a derechos de autor.

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2 comentarios:

Gargon dijo...

Pos eso que lo intente!!!

Drea dijo...

Jeje ya verás más la semana que viene.