Desde el otoño del 96 (XII)

viernes, 3 de abril de 2009


Capítulo IV

(Sara)


En aquel momento, Esther no lo sabía, pero yo la había visto mirándome. Contrastando conmigo, estaba seria, apesadumbrada. A mí, en cambio, me supuso un alivio saber que, aunque hubiese sido por curiosidad, se había interesado, en mí en mi físico, al menos. Aunque tengo que admitir que también me dolió pensar en la confusión que le podía haber creado. En realidad, me arrepentía de todo. De haberle confesado mi condición sexual, de haberle presentado a Marcos -¿y si yo le gustaba y me había cargado toda oportunidad? No, lo desechaba-. No sabía qué podía pasar por su cabeza o hasta qué punto le podía afectar el compartir habitación conmigo, con mis miradas, porque de verdad me importaba esa chica. Intenté alegrarla de alguna manera, pero ella seguía con aquella melancólica expresión en la mirada. Apenas cruzamos algunas palabras. Cualquier cosa que yo le decía me era contestada con algún monosílabo. Yo no conseguía comprenderlo.

La tarde continuó así. Yo le preguntaba si se encontraba mal. “Me lo puedes contar”, le decía, pero ella me contestaba “No puedo, de verdad, es muy íntimo”. Me preocupaba.

Llegó la noche y se acostó intentando dormirse lo antes posible. Se acurrucó mirando hacia la pared y bajé las luces. Intenté concentrarme en el trabajo de Literatura, que tenía que terminar, pero su actitud conseguía que sólo le diese vueltas y vueltas a la cabeza. Tenía el corazón hecho pedazos, no quería que estuviese triste por nada del mundo. Creo que en esos momentos empecé a amarla de verdad. No podía saber con exactitud lo que le pasaba, pero me resultaba imposible contener mis lágrimas. Esther, con su aspecto delicado, con su alegría, con su maravillosa voz... me había cambiado la vida. Compartían mi corazón su espléndida presencia y Marcos, y no sabía por quién sentía más amor. ¿Y la impotencia de no poder expresarle mis sentimientos? ¿Y la amargura de no poder ayudarla? Tenía tantos sentimientos guardados en mi corazón que nada me importaba además de eso. En esos momentos no había manera de detener mi llanto. Dios, cómo deseaba besarla, decirle que la quería.


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2 comentarios:

Gaby dijo...

POrfis q llegue rápido la continuación q no me aguanto jaja. q buena está, muy buena la autora.

Drea dijo...

Jejeje, todas las semanas hay, aunque estoy pensando en cambiar algo... tal vez ponga el libro entero. La autora soy yo, al final...